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lunes, 23 de mayo de 2016

Nikon D500... en vuelo

Nikon D500, AFS Nikkor 500 VR, tripode, hide con cristal espía, exposición manual, ISO2500

Nikon D500, AFS Nikkor 500 VR, tripode, hide con cristal espía, exposición manual, ISO2500

Nikon D500, AFS Nikkor 500 VR, tripode, hide con cristal espía, exposición manual, ISO1000

Nikon D500, AFS Nikkor 500 VR, tripode, hide con cristal espía, exposición manual, ISO1000
Llevo casi tres semanas con la nueva Nikon D500 aunque por diferentes motivos climatológicos, laborales, logísticos, etc, etc, no había podido ponerla a funcionar en condiciones hasta ayer, cuando por fin pude contar con una buena ocasión. Al principio las condiciones de luz me parecieron muy poco adecuadas ya que el día estaba cubierto y el cristal espía del hide suponía una merma extra a las ya de por si pobres condiciones de luz. Decidí tomarme la cosa como una ocasión para empezar a probar los límites de esta cámara así que buena parte de la sesión se desarrolló entre ISO1000 e ISO2500. Este último valor es algo que nunca antes me había atrevido a probar y los resultados obtenidos me han dejado realmente sorprendido. Mucho.
Salvando algunos problemas iniciales que tiene mi unidad, y que espero se resuelvan pronto, la cámara me parece sencillamente espectacular en muchos aspectos pero, sin lugar a dudas, lo que más me ha gustado por ahora es su autofoco rotundo, realmente consistente y efectivo. El mejor de todas las cámaras que he usado y estoy seguro que me va a hacer disfrutar mucho haciendo vuelos, mi modalidad favorita de fotografía de aves, más aún con los 10fps y el bufer tan tremendo que posee.
Aún me queda mucho para adaptarme a algunos aspectos de esta cámara pero poco a poco me voy sintiendo más cómodo y satisfecho con ella y a medida que me vaya familiarizando con la cámara iré recogiendo en el blog mis impresiones :-)

martes, 16 de julio de 2013

"Miura"

Nikon D300, AFS Nikkor 500VR, trípode, wimberly, hide


“Miura” fue la primera cosa que se me vino a la cabeza cuando vi que este buitre zaíno se arrancaba hacia la dirección en la que yo me escondía. Una especie de embestida taurina que, en realidad, no estaba dirigida a impresionarme. El hide que, a modo de burladero me guarecía, se encargaba de ocultar mi presencia.
La finalidad del embite era más bien la de intimidar a un par de leonados que se alimentaban en la carroña que había motivado la concentración vulturina.
Las alas semiplegadas, la cola levantada, la mirada penetrante y, a modo de defensas, un pico demoledor, formaban un conjunto de argumentos más que respetables. Unas hechuras de bicharraco, resaltadas por su avance a grandes saltos, tan lleno de teatralidad que si hubiera salido de un chiquero no me habría causado mayor impresión.
Algo parecido debieron de experimentar los leonados ya que se apartaron con bastante celeridad no sin antes dejar flotando en el aire de la mañana una buena retahila de graznidos y aletazos como constancia de su contrariedad.
El negro ganó la posición y se quedó rodeado de un puñado de alimoches que giraban a su alrededor, cual monosabios, mientras la polvareda se iba asentando. La carne muerta a sus pies y el sonido ametrallante de mi cámara llenándolo la escena. Un espectáculo para mis ojos y oídos.


Con una envergadura de casi tres metros y un peso de hasta 13 kg, el buitre negro es una de las mayores aves voladoras del mundo. Una asombrosa y poderosa criatura con una impresionante mirada que, junto a un lenguaje corporal ritualizado y distintivo, la hacen muy atractiva a los ojos humanos y más aún a los ojos de un fotógrafo.