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lunes, 4 de abril de 2016

Águila real 2

Nikon D7200, AFS Nikkor 500 VR+1,4X-TC, exposición manual, trípode, hide con cristal espía

Nikon D7200, AFS Nikkor 500 VR+1,4X-TC, exposición manual, trípode, hide con cristal espía
El protagonista de este retrato es el mismo ejemplar que aparece en mi anterior entrada, un macho que se mostró confiado como nunca he visto a una real. Tan tremendamente relajado como para posar un buen rato a una distancia que, al menos para mí, resulta sorprendente para una rapaz salvaje. Apareció caminando por detrás del hide en el que nos encontrábamos tres personas y de repente estaba delante del cristal a una distancia que inicialmente me obligo a moverme hacia atrás, muy despacio para no espantarlo, porque estaba por debajo de la distancia mínima de enfoque de mi objetivo. Tan cerca que el movimiento causado por el establizador de imagen hacía que la cabeza se saliera del encuadre !
Afortunadamente, se alejó lo justo para que pudiera enfocarlo mientras se zampaba tranquilamente una carcasa de pollo. Estuvo al menos diez minutos así antes de subir al posadero en el que aparece en la foto anterior dónde se quedó comiendo tranquilamente durante muuuucho tiempo.
Toda una experiencia que ya quisiera poder disfrutar más a menudo ;-)

Nikon D7200, AFS Nikkor 500 VR+1,4X-TC, exposición manual, trípode, hide con cristal espía

Nikon D7200, AFS Nikkor 500 VR+1,4X-TC, exposición manual, trípode, hide con cristal espía

Nikon D7200, AFS Nikkor 500 VR+1,4X-TC, exposición manual, trípode, hide con cristal espía

miércoles, 30 de marzo de 2016

Águila real

Nikon D7200, AFS Nikkor 500 VR, trípode, hide con cristal espía, exposición manual
Hace un par de fines de semana tuve la ocasión de que este magnífico macho de águila real se dignara a posar como un auténtico modelo profesional, totalmente relajado como pocas veces he visto a un ave salvaje e inmune al sonido de las ráfagas de las cámaras de tres fotógrafos en pleno disfrute. 
Por lo general suelo lamentarme de que las aves siempre están demasiado lejos para mi 500 VR pero en esta ocasión tuve la precaución de ir acompañado por el zoom de Tamron lo cual me permitió hacer algún que otro encuadre más abierto ya que con el 500 mm tenía que pedirle al ave, mentalmente, que no abriera sus alas ya que se saldría del encuadre.
El Tamron se portó muy bien a pesar de que su velocidad de enfoque no se acerca a la del Nikkor pero considerando la luz que había, la presencia de un cristal espía de por medio y que el ave no se movía demasiado el resultado es más que satisfactorio para mí.

Nikon D7200, Tamron SP 150-600 VC, trípode, hide con cristal espía, exposición manual

Nikon D7200, AFS Nikkor 500 VR, trípode, hide con cristal espía, exposición manual


sábado, 23 de febrero de 2013

Águila real

Nikon D300, AFS Nikkor 70-200VR II, exposición manual, a pulso
Ésta imagen corresponde a la misma sesión y al mismo ejemplar adiestrado de la entrada anterior, un macho subadulto de águila real realmente colaborador. La luz ya estaba un poco dura para mi gusto pero la pose tan "aquilina" de esta imagen hace que me guste mucho.

Adjunto también un detalle del plumaje que realicé con la Nikon V1 y el 1-Nikkor 10-30mm, un objetivo que cada día me hace disfrutar más porque es increíble que un objetivo tan pequeñito y que parece de juguete ofrezca tanta calidad :-)

Nikon V1, 1-Nikkor 10-30, a pulso, exposición manual

Detalle de la imagen anterior



martes, 12 de febrero de 2013

Luz real

Nikon D300, AFS Nikkor 70-200VR II, a pulso, exposición manual

Hace poco tuve la ocasión de fotografiar a un águila real adiestrada y volando sin pihuelas, tan solo con un radio transmisor que no se aprecia en la foto. Mi intención era conseguir material de referencia para un cuadro que estoy planificando y que, por cierto, no acaba de arrancar. Buscaba conseguir detalles del plumaje, retratos de la cabeza, luces, detalles anatómicos… un poco de inspiración.
Uno no se encuentra todos los días con una ocasión como la que se me presentaba y mi intención era, además de conseguir material de referencia, divertirme todo lo posible. Evidentemente, para un pajarero como yo, el hecho de fotografiar un animal adiestrado hace que se pierda buena parte del encanto pero la experiencia me ha enseñado que cuando menos se espera surge una buena ocasión.
En este caso, no saltó una liebre pero, en un momento dado, el águila se puso a volar sobre un profundo y oscuro valle y en ese momento todo cambió. En décimas de segundo, en mi cerebro saltaron todas las alarmas fotográficas y se puso en marcha esa "maquinaria mental" por la cual los sentidos y los deseos se conjuran para hacerte prever una imagen y que hace que saltes como un resorte. 
Viendo lo que iba a pasar, o mejor dicho, deseando que ocurriera, me coloqué en posición adecuada deseando que “su majestad” se acercara a dónde estábamos y que la ladera actuara como reflector natural para crear una luz de relleno cálida en ese contraluz que se me venía encima. La umbría opuesta, cubierta de vegetación mediterránea, proporcionaba un fondo oscuro para realzar el perfil iluminado del águila y el dramatismo de la escena y, simplemente... ocurrió. Justo cómo estaba imaginando y deseando. Un eterno segundo de luz y color que pude capturar en un puñado de fotogramas. 
Hace unos 20 años, cerca de Alcalá de los Gazules, viví una escena calcada a ésta aunque el protagonista era un azor salvaje que portaba una torcaz que acababa de capturar. Recuerdo como apareció de repente, ignorante de mi presencia, contra un fondo oscuro idéntico, una fantástica luz reflejada y un azor que pasó a tiro de piedra... solo me faltó la cámara, y la destreza/suerte para haber podido capturar con ella la escena.
El otro día me faltó el lado salvaje del águila pero tuve la cámara, tuve la suerte de capturar las imágenes y tuve la suerte de compartir el momento con un buen amigo :-)